Esta primera edición en tres volúmenes de la gran obra de Athanasius Kircher Oedipus Aegyptiacus, impresa en Roma entre 1652 y 1654, llegó a nuestras manos con una encuadernación de finales del XVIII, en una media piel muy deteriorada. La piel había sufrido hasta el punto de haber perdido por completo la flor y se había levantado, dejando a la vista el cartón en el cajo, en las esquinas de las tapas y en los extremos de la lomera. Los planos de papel también estaban arañados, la piel de los tejuelos, cuarteada; la costura de las cabezadas había empezado a romperse. En el cuerpo del libro, además de las inevitables manchas de oxidación y de humedad, las alteraciones más preocupantes, desde el punto de vista de la integridad de la obra, eran los desgarros de las estampas plegadas. Algunos de estos desgarros, cuya causa hay que atribuir al frecuente plegado y desplegado de las grandes hojas en el interior del libro, superaban los 21 cm., prácticamente dos tercios de la anchura total de la hoja.

Al margen de la restauración de los desgarros, tuvimos que considerar si el irreversible estado de la piel justificaba un cambio total de la encuadernación, con lo que ello supone de destrucción de una parte de la historia del libro. Finalmente decidimos reemplazar sólo el recubrimiento exterior por una plena piel que hiciera justicia a la importancia de la obra, y respetar todo aquello que forma parte de la construcción del libro y que aún es sólido, pero que además confiere a estos tres volúmenes una pátina “desde dentro”; nos referimos a la conservación de la costura sobre nervios de cordel, las cabezadas, los tejuelos, y las gruesas tapas de papelón que, por debajo del nuevo recubrimiento, revelan irregularidades e imperfecciones. No se trata de hacer un falso histórico - salta a la vista que la piel es nueva, así como las guardas - pero sí de conservar un trabajo bien hecho, unos datos históricos y un carácter irrepetible.